por Gustavo Giácomo
El precio del dólar es inmune a cualquier teoría del valor que se le aplique. Más aún, como una paradoja del famélico mercado capitalista local, a medida que sube su precio de venta, aumenta también la demanda.
Para los curtidos cueveros de la city, las medidas del Gobierno destinada a restringir la venta de dólares es la mejor garantía para asegurarse una buena rentabilidad. “Hay que pensar que las restricciones, en realidad, son para las dos puntas, la vendedora y la compradora. El que tiene dólares en su poder difícilmente los venda en un banco: nosotros lo pagamos algo más, digamos 10 centavos, y no tiene que justificar nada. Y el que tiene que comprar no tiene más remedio que pagar”, confesaba, café de parado por medio, un ajetreado “arbolito” de San Martín y Corrientes, que, si uno fuera desconfiado, daba toda la impresión de que estaba custodiado por un robusto cabo de la Federal. Ese es el caso de las compras por montos relativamente chicos y para operaciones en las cuales no es necesario justificar el origen de los fondos.
En cambio, un comprador típico es el que busca cifras de entre 1.000 a 5.000 dólares. Se trata del “blue”, un eufemismo que remite al siempre vigente dólar paralelo o negro, que volvió a tener vigencia después de años de relativa libertad cambiaria. Pero está el otro precio: el “contado con liqui”, el más peligroso ya que se utiliza para fugar capitales y, debido a sus costos, sólo es accesible para los grandes jugadores del mercado porque, entre otros requisitos, hay que tener una cuenta abierta en el exterior.
A todo esto se le sumó lo que algunos en la City ya denominan “precio dólar bono”, que es el que refleja el precio de los títulos públicos en dólares que se pagan en pesos. Este, que en algunos casos como el Boden 2012 supera a los anteriores, es utilizado, por ejemplo, por empresas que deben girar sus utilidades al exterior o por grandes inversores que deben justificar, sí o sí, el origen de los dólares. Como el agua en el medio del desierto, la desesperación es el único valor que fija el precio del billete verde.














